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Los 101 km de la Legión de Ronda

7/may/2011, Ronda (Málaga)

Recorrido de 101 km, que salvan un desnivel positivo acumulado de 2.231 m.


             


2.800 corredores/marchadores + 500 duatletas + 700 marchadores en equipos

lo que significa que en muchos tramos del recorrido, 4.000 almas pisaban pistas y senderos polvorientos y pedregosos que, si acaso, sólo se ablandaban para convertirse en barro (algo peligroso, si es de noche). Estas cifras crecen aún más si se les suman los 3.000 ciclistas que también han participado. Como veis, todo un ejército de 7.000 personas (en son de paz, eso sí) que cruzaba el arco de salida en una marea que parecía no tener fin. Sin exagerar. Impresionante...




Patricios, con toda seguridad


Esta carrera es principalmente estrategia. La primera vez que se hace (y hay casi tantos novatos como enganchados que repiten) la principal meta personal es acabarla. Acabarla viva, se entiende... Y aunque te recomienden que la primera mitad reserves y dosifiques, la estrategia a seguir no va tanto por ahí. Cada uno corre como puede: apretando al principio cuando se está fresco y fuerte, o llevando unos tiempos constantes que un relojero suizo admiraría, o disfrutando del paisaje mientras es de día y aprovechar el fresco de las últimas horas para acelerar. Cada uno su estilo... Pero hay detalles clave como la metereología, el material y ropa con que se cuenta y la acertada ingesta de líquidos y alimentos que pueden marcar la diferencia y hacer la experiencia más o menos penosa. Con la táctica adecuada, una atalanta puede perfectamente realizar esta carrera en unos tiempos de entre 13 y 17 horas totales. Minimal & smart running. Esto es, con información y prescindiendo de lo accesorio.





Se trata, cómo no, de una carrera singular, como se puede suponer. Cuenta con una organización estupenda dadas las dimensiones del evento, con pequeños fallos que están perdonados desde que se sale de casa, con la ilusión de una experiencia que para la mayoría es un reto.

Uno de los elementos que marca el carácter singular de esta prueba es la Legión Española. Los 101 km en 24 horas nacen allá por 1995 como una actividad para fomentar el mutuo conocimiento entre los civiles y militares que se decidan a participar. Efectivamente, buena parte de los corredores hace gala de pertenecer a diferentes cuerpos y brigadas de seguridad y defensa del Estado. Se cubren los hombros con la bandera rojigualda a modo de capa (y no se la quitan ni un solo kilómetro), llevan escudos tatuados en su piel y camisetas serigrafiadas con las señas de su división. Vienen de todas partes de España y son más fáciles de distinguir aquellos que corren en equipo que los que lo hacen individualmente camuflados entre el resto. Aunque hay muchas mujeres en el ejército (o eso cuentan), en esta carrera se ven pocas deportistas. Seguramente habría una digna representación de ellas, pero entre 7.000 el porcentaje se difumina bastante.



Los legionarios representan un cuerpo militar de gran prestigio y tradición que no por ello deja de brindar al civil desprevenido algunas anécdotas. Es difícil tomarse esta carrera como una prueba deportiva más y al ser tan larga da tiempo a pensar más de cuatro cosas. La singular estética y la particular ideología de este cuerpo de infantería lo impregnan todo y en demasía, siendo difícil sustraerse de ellas. Si nunca se ha visto a la Legión de cerca, en esta carrera se cubre la cuota de varias vidas.

Todos los corredores y ciclistas que participamos el sábado 7 de mayo tenemos mucho que agradecerle a los uniformados que ese día nos daban asistencia. Incluso varios deportistas les han quedado a deber poco menos que la vida, ya que se han visto casos de pájaras que hacían recordar de la manera más triste que esta prueba es de una dureza no apta para principiantes. Pero incluso con este vital servicio prestado (aunque obligado, que esto es el ejército), este cuerpo se antoja como una de las últimas opciones de vida y profesión para alguien con posibilidad y capacidad de elegir. Otra vez, hay que sentir mucha afinidad ideológica y estética para convertirse en legionario.



Y por eso: mil millones de GRACIAS a los que estoicamente cumplieron con su deber ese día desde los puestos de recepción de material, avituallamientos, cruces peligrosos, meta... Gracias a los que a las 11 de la mañana del día siguiente ofrecían sus espaldas al que se empeñó en cruzar la línea de meta aunque fuera arrastrando los empeines y colgado del cuello de dos legionarios que lo flanqueaban. Que 101 km en menos de 24 horas no son nunca fáciles, independientemente de si extiendes el brazo para ofrecer o para recibir ayuda.